El verdadero nombre de Dios
Dice la historia que varios doctores, expertos cada uno en su propia religión, discutían sobre cual era el verdadero nombre de Dios. Cada uno afirmaba que el verdadero nombre era el que su religión le asignaba y, tras días y días de discusión, no llegaban a un acuerdo.
En vista del problema optaron por pedir opinión a un sabio anacoreta que vivía en una cueva en lo más alto del monte pues, según todos afirmaron, no se le conocía afiliación religiosa alguna pero si se le reconocía como hombre de gran sabiduría.
Así pues, emprendieron su marcha y llegaron a la cueva donde vivía para plantearle la pregunta. El Sabio quedó pensativo un rato y luego respondió:
- Querido amigo-dijo señalando a uno- ¿Tu DIOS ha creado el Universo?
-Así es, El lo ha hecho.
- ¿Y el tuyo?-preguntó a otro.
-Si, el mio lo ha creado.
Y así fue preguntado lo mismo a todos ellos, mientras ninguno alcanzaba a ver lo que pretendía. Cuando terminó de preguntarles suspiró y dijo.
- Que nosotros sepamos sólo existe un Universo, por lo tanto si tu DIOS lo ha creado y el tuyo, y el tuyo…. debemos concluir que es la misma persona, el mismo DIOS, pues no se puede volver crear lo que ya existe.
- Si, eso lo sabemos, pero nuestra pregunta no es esa, nuestra pregunta es cual es su nombre.
El sabio volvió a suspirar y añadió:
- ¿Y eso que importa?. Cuando DIOS confundió el habla de los hombres estes dieron nombres diferentes a las mismas cosas y dejaron de entenderse. Unos llaman vaca a los que otros llaman “cow”, otros “koei”, otros” kuh” y otros “vache”; sin embargo el animal es el mismo, su nombre es lo menos importante. ¿Por qué no ha de ser lo mismo con el nombre de DIOS?
Que importa su nombre si todos os referís a la misma persona. Estoy seguro que si en vez de discutir por las diferencias de nombre le rezaseis y oraseis El sería mucho más feliz que viendo como diferencias sin importancia hace que os peleéis y os disgustéis.
Y dicho esto, dio media vuelta y se retiró a su cueva dejando a los doctores a la puerta sorprendidos por su gran sabiduría.
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